viernes, noviembre 03, 2006

Se aprende caminando

El viernes partimos temprano hacia la sierra, para caminar, caminar y más caminar, por lo que todos desayunamos bien para reponer fuerzas y emprender la marcha.
Fue una dura jornada... y todo empezó al bajar del autobús en una especie de aparcamiento muy mono con arbolitos...
No nos dijeron los kilómetros que tendríamos que recorrer, nos engañaron diciéndonos que eran 9 de ida y 9 de vuelta, hasta que dijeron que eran unas tres horas de marcha si íbamos como hasta entonces a unos 4 km/h... total, 12 km para subir y otros 12 para bajar.
El plan era subir y hacer alguna parada para comer a mitad de camino; más tarde, ya casi en la cima, parar a descansar unos minutos y quién no quisera o no pudiera terminar el trayecto permaneciera ahí junto con un monitor hasta que bajaran los demás. Se pensaban que solo iban a conseguir subir 4 o 5, o más bien nos lo decían para picarnos y que nos esforzáramos.
El paisaje era precioso, creo que nunca había visto algo igual... cascadas y cataratas por encima de nosotros callendo entre formaciones rocosas donde se proyectaba el arco iris, cuevas y formas en las rocas formadas por el agua... con este paraíso seguimos todo el trayecto del río, donde saqué mil fotografías dignas de postal.
Cuando paramos a comer se acercaron un par de cabras a las que alimentaron algunos alumnos con sus bocadillos, que por comer se comían hasta las cámaras. Como no, Jony fue quién se atrevió a ordeñarla y beber.
Horas de duro camino cada vez más empinado, pendientes y laderas llenas de rocas y piedras... un pie en falso y al suelo. Lo peor fueron los cambios de temperatura constantes, todo el rato quitándote y poniéndote chaquetas.
Por fin llegamos al sitio de parada, donde ya no era obligatorio subir.
Desde un principio sabía que iba a subir, o por lo menos que lo iba a intentar; por muy duro que fuera, no me podía quedar ahí. No podía renunciar o sabría que me arrepentiría por no haberlo intentado.
De esta manera seguimos con el resto del camino casi todos, menos dos o tres personas. El principio de este último tramo fue muy difícil, demasiadas rocas en el suelo y demasiada pendiente (creo que tenía las señales en los pies de pisar tantos "picos" y cantos). Al subir todo fue más fácil y calmado; el camino era más ancho, llano y ameno, hasta había túneles y cuevas excavadas en el interior de la montaña para atravesarla... a oscuras, fue divertido.
Por último y para rematar el camino vimos un zorro (o zorra, no entiendo de eso) al que también dimos pan y sacamos varias fotos. Por fin llegamos a la dichosa laguna y nos sentamos a descansar y a comer... ¡ya lo habíamos conseguido! Estuvimos un rato descansando en el que "Guana" y "la china" se metieron en la laguna, que estaba congelada, y luego reunimos ánimo para emprender el camino de nuevo.
Claro que ahora quedaba lo peor... retroceder sobre nuestros pasos. Por mucho que fuera bajar, ya no había la misma emoción... ya lo habíamos visto todo.
Bajar, bajar y más bajar. Numerosas fueron las caídas (¿quién no vio caer a Paloma? Y yo tambien me caí).
Ya no sabía ni donde estaba, ya todo me daba igual... cada paso significaba estar más cerca del final, ya había conseguido mi propósito, ahora ya no me podía rendir, solo tenía que resistir para poder llegar al albergue y descansar.
La verdad es que me lo pasé muy bien en el camino de vuelta... decía tantas tonterías debidas al cansancio que ya ni me acuerdo lo que hablaba.
Ignacio y Fernando animandonos el camino con sus canciones y el nuevo himno del I.E.S Juan de Lucena... debería haberlo grabado en el móvil... y las canciones a Alejandra y cosas similares... era digno de escuchar (esto se lo perdieron los que se adelantaron en el camino).
Cuando por fin acabó la caminata, anocheció en medio del bosque esperando al autobús. Allí los chicos vieron una vaca... una gran vaca mejor dicho y como no, corrieron detrás de ella. La vaca vino hacia nosotros desorientada y todo el mundo empezó a correr de un lado para otro gritando. Yo vi a Ignacio ahí parado y como sabía que es peor correr y armar escándalo me fui hacia donde estaba... intenté sacar alguna foto pero salieron oscuras, pero sí se la pude sacar a Ismael subido a un árbol. Las vacas no hacen nada, solo que tenía unos cuernos larguísimos y al estar asustada podría haber algún accidente con alguien que se pusiera delante.
Al llegar al albergue fuimos a cenar y después estuvimos un rato en el patio con los profesores. Ignacio montó un numerito bastante emotivo con respecto a la película que "habíamos visto" (tres personas). Los que la vimos nos dimos cuenta enseguida de que no era real, pero aún así fue bonito. Algunos lloraron bastante. Después tuvimos bastante rato libre, en el que yo preferí irme a dormir porque no podía más... cuando de repente me despiertan unas voces y luces y dos muchachos que llegaban a mi habitación gritando con las demás compañeras. Preferí ignorarlos y volver a dormir.
Al día siguiente subimos en el autobús a eso de las diez de la mañana para regresar a nuestros pueblos... Hicimos una parada para comer en un área de servicio de Puertolápice (Ciudad Real), donde después de comer estuvimos esperando a los profesores sentadas en una acera... y ahí fue, ahí fue donde saqué la cámara de fotos ya sin batería para hacer una última foto y rematar el viaje. Ahí fue también donde se debió quedar... para no aparecer. (Si, me he dado cuenta de las ganas que dan a veces de retroceder y poder hacer algo para cambiar el presente y el futuro... pero ya no hay remedio). Bueno, lo pasé muy mal esa tarde, pues yo llegaba a mi casa muy cansada y con ganas de estar con mi familia, directa a la mochila para sacar mi cámara y pasar las fotos al ordenador... No supe como reaccionar al ver que no estaba; no sabía si gritar, llorar o quedarme ahí parada sin parpadear si quiera... Ya está superado porque se que hay cosas peores, y de los errores se aprende. Aunque a mi lo que más rabia me dio fue perder todas las fotos... todos los recuerdos de esos cinco días, me encanta la fotografía. Y más aún que por la propia cámara me encontraba mal por ser consciente de la ilusión que le había hecho a mi padre regalarmela el domingo anterior para llevarmela al viaje. De que no la había soltado en los cinco días y la traté con sumo cuidado... y justo el último día y ya a mitad de camino, en un pequeño descuido debido al cansancio y el sueño... Pero bueno, "No hay mal que por bien no venga", siempre podía haber sido peor.
Aprendí muchas cosas en el viaje, pero sobre todo aquel. Me lo pasé muy bien con los profesores, me asocié con antiguos amigos o compañeros con los que había perdido un poco el contacto, conocí mejor a otros nuevos con los que a penas había hablado... Me llevé muchas sorpresas. Pero sobre todo aprendí que "el que quiere, puede"; que nunca debes decir que no puedes, pues si te convences a ti mismo de que si que puedes, lo conseguirás.