"Cuatro preguntas para tres edades" I: Madurez (a mi madre)


Voy a poner aquí las preguntas del trabajo de ética "Cuatro preguntas para tres edades", apartadas por entradas: En una entrada pondré las respuestas de cada persona. Pues bien, comencemos por la primera que hice ya que es la que tengo pasada de momento. Desgraciadamente no tengo escaner para pasar los dibujos de la última pregunta, así que pongo un arbolito bajado del google para adornar:
a) Respuestas de Conchi (mi madre)
1. ¿De qué color son o eran los ojos de tu madre?
Color pardo, ni marrones ni verdes.
2. ¿Cuál es el propósito de la vida?
Ver a mis hijos terminar sus carreras y ser felices.
3. ¿Puedes decir que, en general, eres feliz?
En general, sí.
4. ¿Podrías dibujar un árbol que haya significado algo importante en tu vida o que signifique algún recuerdo muy querido, y explicar por qué?
(Esta pregunta está en un folio a parte con la respuesta original junto al dibujo, pero lo pasaré a limpio aquí también, añadiendo puntos y comas):
Era un rosal de rosas rojas muy pequeñas. A mi madre le gustaban mucho las plantas, pero jamás dejaba a nadie cortar las flores. Solo recuerdo una ocasión muy especial, cuando cumplí 18 años me levanté por la mañana y había un olor peculiar y delicioso. Llegué a la cocina y había un gran ramo de éstas rosas en un jarrón con agua y mi madre esperándome para felicitarme. Me emocionó mucho porque la verdad, mi madre, al igual que yo, no era muy dada a exteriorizar sentimientos ni a besos, solo esporádicamente en cumpleaños o cosas así. Hay que pensar que soy la pequeña de cinco hermanos, con diferencias abismales de años, cultura, etc. La mayor tiene veinte años más que yo; otra quince; trece... Bueno, como decía Gila, a lo que vamos; al rosal.
A los veinte años me enteré que mi madre tenía cáncer de colon. Fue un palo duro porque pasé de ser la niña mimada a la enfermera ama de casa. En fin, a hacerme la fuerte y cuidar de ella.
El rosal en primavera estaba cuajado de rosas y yo un día “por la siesta” cogí unas tijeras grandes y me puse a cortar un gran ramo de rosas, me fui a la iglesia y se las puse a la Virgen. En el jarrón guardé un pequeño anillo de plata al que tenía mucho cariño. No sabía qué hacer, creía en todo y en nada, era muy contradictorio. Recuerdo que las mujeres que limpian en la iglesia una vez que fueron a visitar a mi madre le comentaron que habían encontrado un anillo en un jarrón, que si sería mío porque estaba ante la virgen de los dolores que mi madre era muy devota.
Ella me preguntó que si era mío y yo lo negué. No se por qué, tal vez porque no quería que viera mi desesperación, pero estoy segura que supo que era mío, siempre fue muy lista.
Pues bien, en uno de los “paseitos” que se daba por el patio se fijó en el rosal y me dijo: “qué tuna eres, te creías que no me iba a dar cuenta que habías cortado flores para la Virgen”.
Cuando mi madre murió yo cuidaba mucho el rosal, pero mi padre lo cortó. Un día me levanté por la mañana y ya no estaba. No me enfadé ni le dije nada, pues le entendía, aunque me dolió, pero bueno. Tengo algunas fotos de entonces en las que se ve el rosal.
(Posdata: “Perdón por no poner puntos, comas, etc... Es que esto parece una epístola de largo”.)

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